martes, 19 de abril de 2011

Volviendo a la tribu: una desierta nostalgia de Matt el viajero (ven a Fraggel Rock)

Queridos incondicionales!
   He decidido esperar al momento propicio, que puede ser este como cualquier otro, para contestar alguno de vuestros "croasanes" (o corasaos) porque sé que como el buen vino se van poblando y repoblando en las barricas de gmail y de mi pensamiento y ahí fermentan y gozan del sabor de la buena madera de roble o de ébano (¿quién sabe?) y adquieren nuevas perspectivas, tonalidades y dulzuras. Y es más fácil hablar habiendo pensado un poco que no hablar a tontas y a locas o a destiempo (como habitualmente se hace).
   Es por ello que he decidido responder con distancia a mi amigo Matt el viajero (entrañable remitente de postales... en Fraggel Rock). Mi querido amigo Matt, el viejo ciego que ya no viaja y se encuentra con reuma y tos asmática, sentado en su mecedora de mimbre, y echa de menos sus viajes por todo el mundo y me pregunta con menos glamour y más filosofía sobre si la vida tiene el mismo sentido aquí que allí (esto parece Barrio Sésamo y de nuevo, Coco, enseñando los deícticos...). Tengo mis dudas, claro está, porque ni siquiera para mí la vida es igual aquí en el centro de lo que se considera la civilización o el centro del glamour que en el ocaso del sol, allá lejos, donde habita el olvido. Si se mide en intensidad y felicidad, evidentemente, para mí, como para ti, querido Matt, no puede ser igual. Pero al menos, lo has vivido y te quedan los recuerdos y la literatura...No puedo decir más, porque la felicidad no tiene dueño y se encuentra tal vez donde uno menos lo espera.
   Si aún quieres seguir leyendo (ya has visto y comprobado que no tengo respuesta para todo-nada), te puedo deleitar si deseas con una modesta letra de mi último viaje, que si no se asemeja ni en altura ni en densidad a los tuyos, es porque todavía no lo merece, pero ya sabes que una palabra de tu boca bastará para que calle...pero como ya sabes, también, yo no me callo ni debajo del agua y pienso ardientemente que la literatura sacia y funciona de veras, aunque sea como placebo, al menos no te dejaré con la miel en los labios ni presumiré de nada delante de quien no me corresponde.
    Y así empiezo contando que este viaje no fue un viaje en sí sino una continuación de viaje porque me re-fui o rehuí,  acompañada del Dr. Thewolikan y Dra. Yerba Suprema a degustar cada gota de sol de la ciudad que ha dado el nombre a Marruecos, que no es su madre: Marrueca, sino Marrakesh. Y por azares del destino, quiso este que repitiera en dos meses y en las mismas fechas a ir a la misma ciudad, tal vez para sentir que no había sido un espejismo y que era cierto, que existía y que era, como tantas otras, una ciudad donde me gustaría vivir y revivir. Con la brújula que se lleva dentro y las pocas nociones de orientación el camino se iba haciendo solo, y vi lo mismo que había visto, con nuevos ojos: vi la tribu, vi la medina maloliente y aireada, vi a Ibrahim vendiendo artesanía en la calle de La Recette, vi a los relaciones de los restaurantes seduciendo a Yerba y diciéndole cosas como: "Te quiero comer con cervesha" o al Dr. Thewolikan: "¡Qué suerte, un hombre y dos mujeres!" o (tal vez, dos destinos), vi el mismo hotel (no el chelsea ojalá), vi la misma habitación, vi el mismo sol, vi las mismas sonrisas sin dientes... menos una, vi muchos turistas, vi la plaza Jama Fna de noche (luces, antorchas y bullir de gente) desde arriba por fin, vi que alguien nos ofreció "quifi" (jachís) pero al no ser en todos los idiomas, pues no lo entendí, vi zumo de naranja, vi tatuadoras de henna en la calle y vi sonrisas sin dientes (menos alguna), vi niños pequeños malvestidos y felices, vi una hormiga picando una pierna vestida que se probaba sandalias en la microtienda de un artesano, vi un mono sin libertad, atado a un poste, vi una cobra que bailaba el baile de san vito...vi azul klein en un jardín fastuoso y recordé el cuento de Borges (El Aleph). Vi tantas cosas, vi el engaño y la mentira, vi el corazón en un puño y vi un caramelo en los labios de quien no lo merecía. Vi cómo se caía un corazón al mar navegando, y vi...vi tantas cosas que ahora una vida micro me sabría a poco, lo mismo que una historia a medias.
   Y ahora, querido Matt, ya sabes también por qué no distingo por ahí de qué color son las cosas, si viví el cuento, si vi la vida, y cómo puedo vivir a este lado del espejo y no en el otro en el "país de las maravillas", donde no hay micromachines y hay marineros borrachos liderando el barco de la vida, pero si te vale, te entiendo y quiero creer que todo pasa y que si mi historia ha existido y los olores y la ciudad donde aún respira La Celestina también, pues ha merecido la pena pasar por allí y llevarse un trocito de cada esquina en la mirada y en el recuerdo. Y transmitirlo, aunque luego haya vidas microscópicas, microbios y micromachines que pasan al lado sin mirar y tal vez, por eso mismo, sin que necesiten ser mirados.

Bueno, que descanséis estas vacaciones,
y allá donde estéis, que disfrutéis
Muchos besos de BAKLAVA
                             la panti con sueño...

1 comentario:

  1. Mi querida Dra Panti:

    Bellas palabras, si señor. Se aprecia en este bonito párrafo que ha disfrutado usted de sus merecidas vacaciones. Me alegro mucho de que haya querido además compartir sus experiencias viajeras con nosotros humildes lectores, y es que no sólo de glamour vive el hombre sino también de olores, de sensaciones... Como decía aquél, caminante no hay camino, se hace camino al andar así que llena de envidia por no haber visitado nunca tan bonito lugar (y por supuesto, haciendo nota mental de visitarlo en cuanto me sea posible) me despido, no sin antes desearle un buen fin de semana.

    Su amiga,
    Rous

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